Política

Nuestros políticos necesitan coaching urgentemente

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Sólo se salva Garzón

Tras la fallida investidura de Pedro Sánchez, todos tienden la mano y dejan la puerta abierta, pero ninguno levanta el teléfono. ¿Estamos ante un escenario de carencia de integridad, de codicia por el poder, de inútiles comunicadores, de soberbia y prepotencia, o de qué?

Es profundamente hilarante (por no llorar) repasar las noticias políticas de hoy, 3 de marzo, un día después de la primera votación para la investidura de Pedro Sánchez.

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Errores de inteligencia emocional de nuestros políticos

No ha sido un fracaso de Sánchez, sino de todos, y quien diga lo contrario, lo siento, pero se equivoca. Hace falta seriedad y ser capaces de hacer concesiones y desterrar algunas exigencias.

Decía Clive S. Lewis algo así como que la integridad es hacer lo correcto sobre todo cuando nadie nos ve. Tras esas puertas abiertas, manos tendidas, ruedas de prensa y tweets, ¿hay integridad alguna? ¿O es solamente de cara a la galería?

Por una parte, tenemos a un Pedro Sánchez que, aparentemente, pudo salir reforzado entre sus propias filas gracias a sus intervenciones, o al menos así parecía manifestarlo el banquillo socialista. No obstante, también es cierto que, de suceder lo que casi con toda seguridad va a suceder – ir a nuevas elecciones – su futuro es más bien incierto.

Pienso que Sánchez ha sido un valiente agazapado. Valiente por razones obvias, aunque solo fuere por contraposición a su rival, ese que dio la espantá. Agazapado porque, aun agazapado e hipócrita – político, en fin – se le ha visto el plumero desde el minuto 1. Es normal que Podemos e Iglesias se sientan un poco ninguneados y minusvalorados por Sánchez, porque así ha sido. Sánchez, desde un pedestal que no le corresponde, pensaba que cederían al final, con tal de que hubiese gobierno y que éste fuese “de izquierdas”. Pero qué tipo de izquierdas se pueden llevar a cabo con una economía de derechas. Basándose en qué argumentos pensaba Sánchez que iba a camelar a Iglesias, Compromís, Unidad Popular. Quizá pensó en aquello de que la experiencia es un grado, que Iglesias en estas cosas es todavía un novato y que le adelantaría por la derecha (y en efecto, por la derecha ha adelantado y mira el churro que le ha salido. Ahora está en un atasco que pa qué). Lo que no tuvo en cuenta Sánchez, parece mentira, es que Pablo Iglesias es un lince. Y que no basta ni con caramelitos ni con el chantaje emocional que Sánchez ha empleado hasta niveles de mantra: “Si no votan sí, están votando con Mariano Rajoy”.

Por otro lado, tenemos al presidente en funciones, sarcástico, abrasivo y prepotente como siempre, dando lecciones de superioridad sentado sobre una montaña de estiércol. Ya decía en el post La Mochila de Rajoy, que esto sin duda es debido a motivos inconscientes que escapan a nuestro entendimiento racional y, seguramente, también al suyo. Trató con desdén a sus, mal que le pese, compañeros de congreso; utilizó un lenguaje anacrónico para los tiempos que corren, trasnochado. Y los suyos le rieron las gracias pese a que el sarcasmo es la forma más baja de inteligencia. Seguramente confunde el sarcasmo con la ironía. Con la ironía uno es capaz de verse a sí mismo de lejos, capacidad de la que indudablemente carece este señor.

Albert Rivera y Pablo Iglesias, las fuerzas del cambio contrapuestas, brillaron, cada uno a su modo. El primero, por su tono y discurso en defensa de un pacto en el que su política económica es protagonista y también por quemar algunos puentes con el Partido Popular, insistiendo varias veces en que lo que tienen que hacer es prescindir de Mariano Rajoy. Y el otro por, una vez más, manifestarse como el animal político que es y reflejar en el congreso el sentir de la España harta y del ceño fruncido. Pero esa tensión en su discurso, posiblemente, no le gane más adeptos, aunque consiga mantener a los que ya tiene. La falta de respeto hacia González y el Partido Socialista salió de sus labios un segundo antes de pensar “ups” y, casi estoy segura, se arrepintió un segundo después. Hasta Errejón le miró como diciendo: “Pero qué dices tío, por ahí no”.

Alberto Garzón, a mi modo de ver, el más transparente, claro y directo, pese a ser el que también uno de los políticos más válidos y, sin embargo, menos reconocidos y valorados de la política española. Garzón se manifestó con firmeza y coherencia, reclamando otra forma de hacer política y explicándole a Sánchez de forma clara y concisa, sin dar vueltas de mitin pre-electoral, por qué la izquierda de verdad no le apoya.

Quitando a Garzón, viendo lo visto, y siendo coach, veo claramente que no les vendría mal a todos, algún proceso de coaching y mejorar su grado de inteligencia emocional. Que por una vez se salgan de ellos mismos para observarse desde un punto de vista distinto y sean capaces de percibir sus errores, al menos en la esfera política. Cómo sean, se comuniquen y comporten, en el área personal, la verdad, me importa un pimiento.

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